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¿Qué sabemos antes de saber? Sincronicidad e intuiciones premonitorias.

  • Foto del escritor: Alberto Asero
    Alberto Asero
  • 7 sept 2025
  • 5 min de lectura

Actualizado: 2 jun

sincronicidad, premonición, individuación, Jung

A lo largo de mi vida he tenido intuiciones premonitorias que, meses o años después, se revelaron sorprendentemente precisas. No las menciono por su carácter excepcional — que de hecho no tienen —, sino porque fue a partir de ellas y del impacto que tuvieron en mí que terminé adentrándome con curiosidad creciente en lo que Carl Gustav Jung describió como sincronicidad: coincidencias significativas entre acontecimientos psíquicos y hechos externos que no se dejan explicar en términos causales.


Dos de estas intuiciones quedaron profundamente grabadas en mi memoria.


La primera ocurrió en Italia. Una repentina sensación de vacío me inmovilizó justo en el acto de firmar la escritura de la casa que habría sido de mi pareja y mía. Desde dentro, algo como una voz me dijo: «Con esta firma asumes culpas que ahora ni siquiera puedes imaginar». Años más tarde, aquella casa se convertiría, en efecto, en un campo de batalla.


La segunda sucedió unos quince años después, en México. Estaba recorriendo la casa en la que mi esposa y yo habríamos de mudarnos, cuando una intuición, igual de repentina, me embargó: «Aquí nos separaremos». En ese entonces, nada hacía sospechar una crisis matrimonial. Nos separamos un año y medio después.


¿Qué, en mí, sabía lo que yo aún no podía saber?


Asumir el punto de vista de la psicología profunda implica cambiar radicalmente el modo de concebir — y, por lo tanto, de vivir — la vida. Esto no significa necesariamente cambiar para mejor: depende de la disposición de cada quien si ciertos descubrimientos se tornan en serenidad o en angustia.


Entre estos descubrimientos se encuentran fenómenos que, como las intuiciones premonitorias, desafían una concepción estrictamente racional y causal de la experiencia — y que por ello han quedado completamente ignorados por las psicologías de corte materialista.


Jung concibe las premoniciones como un tipo particular de intuiciones: fenómenos psíquicos que pertenecen al ámbito de la percepción, pero cuyo contenido remite a acontecimientos que, por lo menos en apariencia, no pertenecen al aquí y ahora sensorial. En la visión junguiana, lejos de implicar una capacidad de “ver el futuro” en un sentido mágico, estos fenómenos deben comprenderse como emergencias del inconsciente que suelen darse en torno a nudos existenciales cruciales y que se vuelven más probables cuando una persona se aproxima a cambios vitales profundos.


Apoyándose en estudios tanto propios como de otros investigadores, Jung postuló la existencia de una conexión profunda entre psique y mundo. A su vez, esta conexión lo llevó a formular uno de los conceptos más impactantes de toda la psicología moderna: la relatividad psíquica de espacio y de tiempo. Excluyendo toda hipótesis sobrenatural (recordemos que estamos hablando de fenómenos psíquicos, es decir, naturales), resulta razonable suponer que los hechos objeto de la premonición se sitúan en el futuro solo relativamente a la conciencia: a nivel inconsciente, esos acontecimientos ya están siendo vividos. Observemos mis dos intuiciones: las percepciones en las que ambas consistieron pudieron haber reflejado acontecimientos futuros solo si dichos acontecimientos estaban ya, de alguna manera o en algún nivel de realidad, inscritos en el presente.


Escuchemos al propio Jung:


¿Cómo es posible, por ejemplo, que un acontecimiento remoto en el espacio o en el tiempo provoque el surgimiento de una imagen psíquica equivalente, si ni siquiera puede postularse un proceso energético de transmisión que sería necesario para que el fenómeno se produjera? Por incomprensible que esto pueda resultar, finalmente uno se ve obligado a suponer que existe en el inconsciente algo semejante a un conocimiento a priori o, mejor dicho, una “presencia” a priori desligada de toda base causal. (Jung, 2011, p. 211)


Y en otro lugar:


La intuición es una especie de percepción que no opera exactamente a través de los sentidos, sino a través del inconsciente […]. En realidad, es una función muy natural, perfectamente normal y también necesaria: compensa aquello que no puede percibirse, pensarse o sentirse porque carece de espesor real.” (Jung, 2013, p. 29)


Volvamos ahora a los episodios que he relatado. Despacharlos como algo que simplemente “ya estaba ahí” pero que yo no veía sería falaz: aquello que está delante de nuestros ojos sin que podamos verlo es precisamente lo que cae bajo el concepto de inconsciente. Así que, ya que la razón me obliga a considerarlos con la máxima seriedad, me es imposible rememorarlos sin enfrentarme a dos preguntas.


La primera expresa el drama mismo del existir humano como camino de incertidumbre: si hubiera atendido a aquellas intuiciones, ¿habría evitado que sucediera lo que sucedió? Planteada de forma más general: ¿deberíamos aprender a incluir las intuiciones premonitorias en nuestra toma de decisiones?


La segunda pregunta me parece aún más inquietante. Porque esas dos intuiciones, que se referían a mí y a mi destino individual, reflejaban al mismo tiempo, y de manera inextricable, el destino de otros individuos: en ambos casos, mi destino implicaba el destino de otra persona, y viceversa; en ambos casos, el destino del otro era condición de posibilidad de mi propio destino, y viceversa. ¿Acaso deberíamos replantear la idea misma de individuo? ¿Acaso deberíamos repensar radicalmente nuestra vida como inextricablemente ligada a la vida de los demás?


Tomar en serio estas últimas preguntas conlleva cuestionar los límites mismos de la subjetividad. Pero aceptar poner entre paréntesis la consistencia ontológica misma de esa frontera rígida entre yo y mundo que social y culturalmente asumimos como obvia y que fundamenta nuestra visión del mundo, nos lleva a abrirnos a la posibilidad (realidad) de una dimensión ulterior del existir humano — una dimensión transpersonal que nuestro entendimiento puede quizá solo rozar.


La personalidad consciente es un segmento más o menos arbitrario de la psique colectiva. (Jung, 2012, p. 63)


La capa más profunda a la que podemos llegar en la exploración del inconsciente es aquella en la que el ser humano deja de ser un individuo diferenciado y su psique se extiende hasta fundirse con la de la humanidad: no con la psique consciente, sino con la psique inconsciente de la humanidad, idéntica en todos nosotros. […] Puesto que la estructura fundamental de la psique es igual en todos, no podemos establecer distinciones cuando vivimos experiencias en ese nivel. Allí no podemos saber si algo te ha ocurrido a ti o a mí. (Jung, 2013, p. 57)





REFERENCIAS

Jung, C. G. (2011). La sincronicità. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.

Jung, C. G. (2012). L’io e l’inconscio. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.

Jung, C. G. (2013). Introduzione alla psicologia analitica. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.



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¡IMPORTANTE! El propósito de este artículo es fomentar la reflexión crítica sobre temas de psicología a partir de información clara y confiable. Ninguno de los contenidos aquí expuestos pretende, ni puede, sustituir la valoración y el apoyo de un psicólogo o psiquiatra. Ante cualquier duda, acude siempre a un profesional de la salud.



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