¿Qué sabemos antes de saber? Sincronicidad e intuiciones premonitorias.
- Alberto Asero

- 7 sept 2025
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Actualizado: 25 mar

A lo largo de mi vida he tenido intuiciones repentinas que, meses o años después, se revelaron sorprendentemente precisas. No las menciono por su carácter excepcional — que de hecho no tienen —, sino porque fue a partir de su experiencia directa que terminé interesándome por lo que Carl Gustav Jung describió como sincronicidad: coincidencias significativas entre acontecimientos psíquicos y hechos externos que no pueden explicarse mediante una relación causal.
Dos de estas intuiciones quedaron profundamente grabadas en mi biografía.
La primera ocurrió en Italia. Una repentina sensación de vacío me inmovilizó justo antes de firmar la escritura de la casa que habría sido de mi pareja y mía. Desde dentro, una voz me dijo: «Con esta firma asumes culpas que ahora ni siquiera puedes imaginar». Años más tarde, aquella casa se convertiría, en efecto, en un campo de batalla.
La segunda sucedió unos quince años después, en México. Estaba recorriendo la casa en la que mi esposa y yo habríamos de mudarnos, cuando una intuición, igual de repentina, me embargó: «Aquí nos separaremos». En ese entonces, nada hacía sospechar una crisis matrimonial. Un año y medio después, efectivamente nos separamos.
Ambas intuiciones anticipaban hechos que aún no habían ocurrido. Y ambas me dejaron con la misma pregunta: ¿qué sabía en mí lo que yo aún no sabía?
Asumir el punto de vista de la psicología profunda implica cambiar radicalmente el modo de concebir — y, por lo tanto, de vivir — la vida. Esto no significa necesariamente cambiar para mejor: según el grado de comprensión y de aceptación de cada quien, ciertos descubrimientos pueden abrir a una mayor serenidad o, por el contrario, ser reprimidos por la angustia que pueden generar.
Entre estos descubrimientos se encuentran fenómenos que, como las intuiciones premonitorias, desafían una concepción estrictamente racional y causal de la experiencia. Dichos fenómenos — completamente ignorados por las psicologías de corte materialista, pero centrales en la psicología profunda — fueron descritos por Carl Gustav Jung bajo el concepto de sincronicidad: coincidencias significativas entre acontecimientos psíquicos y hechos externos que no pueden explicarse mediante una relación causal.
Jung concibe las premoniciones como un tipo particular de intuiciones: fenómenos psíquicos cuyo contenido remite a acontecimientos que aparentemente no pertenecen al aquí y ahora. Jung subraya que estos fenómenos, lejos de implicar una capacidad de “ver el futuro” en un sentido mágico, deben comprenderse como emergencias del inconsciente que suelen darse en torno a nudos existenciales cruciales y que se vuelven más probables cuando una persona se aproxima a cambios vitales profundos.
Jung pudo recabar así una de las evidencias más contundentes no solo de la existencia de una conexión profunda entre psique y mundo, sino también de la relatividad psíquica del espacio y del tiempo. Excluyendo toda hipótesis sobrenatural (recordemos que hablamos de fenómenos psíquicos, es decir, naturales), resulta razonable suponer que los hechos objeto de la premonición se sitúan en el futuro solo relativamente a la conciencia: a nivel inconsciente, esos acontecimientos ya están siendo vividos.
Como dice Jung:
¿Cómo es posible, por ejemplo, que un acontecimiento remoto en el espacio o en el tiempo provoque el surgimiento de una imagen psíquica equivalente, si ni siquiera puede postularse un proceso energético de transmisión que sería necesario para que el fenómeno se produjera? Por incomprensible que esto pueda resultar, finalmente uno se ve obligado a suponer que existe en el inconsciente algo semejante a un conocimiento a priori o, mejor dicho, una “presencia” a priori desligada de toda base causal. (Jung, 2011, p. 211)
Y en otro lugar:
La intuición es una especie de percepción que no opera exactamente a través de los sentidos, sino a través del inconsciente […]. En realidad, es una función muy natural, perfectamente normal y también necesaria: compensa aquello que no puede percibirse, pensarse o sentirse porque carece de espesor real.” (Jung, 2013, p. 29)
Cada vez que rememoro los episodios que he relatado, termino enfrentándome a dos preguntas.
La primera expresa el drama mismo del existir humano como experiencia de incertidumbre: si hubiera atendido a aquellas intuiciones, ¿habría cambiado algo? Planteada de forma más general: ¿deberíamos aprender a incluir las eventuales intuiciones premonitorias en nuestra toma de decisiones?
Antes de avanzar, conviene advertir que despachar estos fenómenos afirmando que se trata simplemente de algo que “ya estaba ahí” pero que no supimos ver constituye un argumento inconsistente: aquello que está delante de nuestros ojos y, sin embargo, no vemos es precisamente lo que cae bajo el concepto de inconsciente.
La segunda pregunta es quizás la más inquietante. Mis dos intuiciones se referían no solo a mí y a mi "destino", sino también a otras personas y a sus respectivos "destinos": ¿acaso los fenómenos psíquicos premonitorios nos obligan a repensar radicalmente nuestra vida como inextricablemente ligada a la vida de los demás?
Esta pregunta abre a la dimensión transpersonal que está en la base de estos fenómenos y que Jung describió con una precisión que sigue siendo difícil de superar:
La personalidad consciente es un segmento más o menos arbitrario de la psique colectiva.» (Jung, 2012, p. 63)
La capa más profunda a la que podemos llegar en la exploración del inconsciente es aquella en la que el ser humano deja de ser un individuo diferenciado y su psique se extiende hasta fundirse con la de la humanidad: no con la psique consciente, sino con la psique inconsciente de la humanidad, idéntica en todos nosotros. […] Puesto que la estructura fundamental de la psique es igual en todos, no podemos establecer distinciones cuando vivimos experiencias en ese nivel. Allí no podemos saber si algo te ha ocurrido a ti o a mí. (Jung, 2013, p. 57)
Más allá aún de ponernos frente a cosas que sabemos sin saber — que sabemos antes siquiera de poder saber —, la intuición premonitoria nos obliga a cuestionar los límites mismos de nuestra subjetividad. Cuando mi intuición anticipa sucesos lejanos en el tiempo y en el espacio que, para realizarse, requieren de la “colaboración” de otra persona como cómplice puntual de un destino compartido, revela también cómo cada uno de nosotros está vinculado con los demás — o, al menos, hasta donde podemos ver, con ciertos “otros”.
Ese tipo particular de sincronicidad que es la intuición premonitoria nos invita así tanto a ampliar nuestra conciencia y a acercarnos al umbral del inconsciente que nos habita —o, más precisamente, que habitamos —, como a asomarnos más allá de los límites de nuestra individualidad, entendida como una frontera rígida entre el yo y el mundo — o, mejor dicho, a reconocernos como menos definidos, menos delimitados, menos separados de lo que social y culturalmente estamos orientados a creer.
REFERENCIAS
Jung, C. G. (2011). La sincronicità. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.
Jung, C. G. (2012). L’io e l’inconscio. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.
Jung, C. G. (2013). Introduzione alla psicologia analitica. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.
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