Psicólogo italiano,
formación internacional
Integro diferentes enfoques, enmarcando mi trabajo en la psicología profunda.
Asumir seriamente que lo que hacemos (o evitamos), lo que deseamos (o tememos), las relaciones que tejemos (o desmembramos), las pequeñas y grandes decisiones que nos llevan a florecer (o aquellas que nos devuelven siempre al mismo estanque) están profundamente influidas por una materia psíquica que permanece fuera de la conciencia conlleva aceptar que, sin excepción alguna, somos unos desconocidos para nosotros mismos.
Ante las encrucijadas de la vida, ¿elegimos mirarnos o ignorarnos?
Llegué a la psicología como profesión algo tarde en la vida y no porque quisiera "entender la conducta de las personas" —de hecho, mantengo reservas importantes respecto de la disciplina que practico—, sino porque, en nuestro tiempo, es la forma reconocible y legítima de una determinada relación de ayuda.
A lo largo de mi vida he tenido la dicha de habitar (y deshabitar) mundos tan distintos y distantes como lo son el periodismo, los negocios, la filosofía, la música, la docencia universitaria. En ellos, más que en cualquier aula, he aprendido a mirar, a escuchar, a sentir al otro. De ahí mi desconfianza ante cualquier discurso que pretenda encerrar la singularidad de una vida en categorías demasiado ordenadas para ser vivibles.
Al psicólogo solemos acudir cuando sentimos que la corriente se ha vuelto más fuerte que nuestra fuerza para nadar. Pero ninguna teoría psicológica, ningún enfoque psicoterapéutico, está por encima de la relación humana. La teoría no habla, el enfoque no escucha, el terapeuta sí. Pocas relaciones son tan humanas como la relación entre paciente y terapeuta.
Ahí comienza el camino.
Formación y acreditaciones
Cédula profesional

Secretaría de Educación Pública
México
Solución de conflictos

Universidad Nacional Autónoma de México
México





